Género y Salud Mental
- IMAGO Servicios integrales y psicológicos
- 3 sept
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El interés por realizar un número dedicado al género y la salud mental parte de algunas inquietudes derivadas de las diferencias consistentes que existen entre mujeres y hombres en algunos trastornos mentales en diferentes países y culturas. ¿Las diferencias son resultado del sexo o del género? ¿El género es un factor de riesgo para la salud mental que opera de la misma manera en los hombres y en las mujeres?
De este modo, en general pareciera que las
mujeres son más vulnerables a que su salud mental resulte afectada por ciertos factores sociales, aunque también cabe la posibilidad de que los hombres porten problemas de salud mental por su dificultad para buscar ayuda si los aqueja algún malestar emocional. Asimismo, se ha señalado que en ellos la depresión puede estar “escondida” detrás de comportamientos adictivos y de riesgo, así como detrás de la irritabilidad e impulsividad. Así como para la depresión ser mujer se configura como un factor de riesgo, ser hombre cumple el mismo papel para la violencia.
Entonces, cuando hablamos de este tipo de circunstancias y factores asociados con la condición de ser hombre o ser mujer, ¿a qué nos estamos refiriendo?, ¿al sexo o al género? Recordemos que el sexo se refiere a las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, y que el género, a su vez, alude al significado social construido en torno a dichas diferencias en contextos históricos particulares. Así pues, el género como categoría hace referencia a una construcción simbólica mediante la cual ciertas características son atribuidas como pertenecientes a uno u otros sexos, lo que la configura como un eje primario de la formación de la identidad subjetiva y de la vida social que conlleva relaciones de desigualdad debido a la distribución inequitativa (evitable e injusta) de poder y recursos.
Lo “masculino” se ha considerado históricamente superior a lo “femenino”, y
las mujeres han sido ubicadas en una posición de vulnerabilidad (receptiva y pasiva) frente a los hombres (activos y agresivos). Esto ha propiciado una construcción de lo que podemos denominar una subjetividad “femenina” o “masculina”, de manera tal que los comportamientos del sujeto mujer u hombre se perciben como atributos “naturales” que emanan de su fisiología corporal. Es decir, el género es invisibilizado y el sexo se superpone como explicación de prácticamente todos los fenómenos humanos; decimos, por ejemplo, “así son los hombres” o “ésas son cosas de mujeres”, de modo que parecen inevitables su permanencia y la resistencia al cambio.

Al hablar de género, en general se ha hecho referencia a las mujeres por la histórica situación de desigualdad que han padecido por este motivo, lo que por mucho tiempo dejó fuera de la investigación a los varones. Es por ello por lo que no sorprende que, a pesar de que cada vez hay un mayor reconocimiento de que el género es un factor sociocultural relevante en el comportamiento saludable o relacionado con la salud, la salud masculina rara vez se deconstruye a través de los lentes del género.
Todo lo anterior confirma la importancia de la investigación con perspectiva de género, lo que otra vez deja en claro que el género, como constructo social, y el sexo, como constructo biológico, son términos distintos, no intercambiables.
¿Cuáles son los factores que influyen de forma directa en nuestra salud mental?
A continuación, se mencionan algunos de los factores que influyen en nuestra salud mental, los cuales son: la genética de las personas, factores sociales o culturales en los cuales se haya tenido lugar su crianza y adolescencia, los modelos de apego y los modelos educativos de sus estructuras familiares, las experiencias vividas en el pasado. Además de las nombradas anteriormente el género es uno de ellos.
Las ideas y construcciones sociales y culturales sobre lo que es propio de hombres y lo que

es correcto y propio de las mujeres, hacen referencia al concepto género. Es decir, un conjunto de expectativas, cualidades físicas y psíquicas, atributos, roles, motivaciones, deseos y actitudes estereotípicamente asignados a las personas en función del sexo y de forma determinista unidas a su género.
La identidad de las personas cobra centralidad y aceptación alrededor de estas normas de género conformadas por la época, sociedad, cultura y familia entre otras.
El desarrollo de trastornos mentales y el deterioro de su salud mental pueden afectar tanto a hombres, como a mujeres. Pero es importante tener en cuenta que los trastornos de mayor diagnóstico en mujeres son diferentes a los de mayor diagnóstico en hombres.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), eso puede deberse a que el género condiciona de forma directa las experiencias que vive una persona.
En el caso de la salud mental existen algunas creencias que conforman los estereotipos sociales de género que aprendemos y mantenemos en nuestro medio social, familiar y cultural que mediatizan la atención y son un problema debido a que complican la búsqueda de apoyo social, medicación, expresión emocional o el tratamiento temprano de enfermedades mentales.
Por ejemplo, es común identificar y asumir sin más los roles con los que interactúan hombres y mujeres en términos de creencias y con respecto a la connotación social que se tiene de la feminidad como característica de subordinación, emocionalidad, entrega, pasividad, seducción; mientras que la masculinidad presupone poder, propiedad, potencia hace que las consecuencias en términos de salud mental se vean afectado.
Según este modelo tradicional, las mujeres tienden a acudir más veces y antes a los servicios generales y también manifiestan más quejas psicosociales debido al rol de cuidadora derivada de estrés crónico, problemas de ansiedad y depresión en donde existe el estereotipo de que las mujeres se quejan demasiado, porque son más débiles y a lo mejor no estén realmente enfermas.
Por su parte, los hombres acuden con más frecuencia a urgencias o a los servicios hospitalarios ya cuando existe una enfermedad severa, no se permite que los hombres
manifiesten su debilidad y les cuesta mucho más verbalizar sus quejas, en cuyo caso se tiene mayor prevalencia en trastornos de conducta, complicaciones de salud, mayor probabilidad de desarrollar personalidad antisocial, adicciones, accidentes automovilísticos y una mayor incidencia en conducta suicida.

En cuanto al mantenimiento de estereotipos de género masculino que afectan la salud emocional de los hombres pueden ser algunas de estas:
Una necesidad de reconocimiento social, siempre en disputa.
Condiciones de vida que los impulsa a la competencia y la demostración constantes de virilidad.
Barreras culturales para enfrentar pérdidas, derrotas y vulnerabilidades.
La violencia como recurso legítimo para dirimir diferencias.
El cuerpo vinculado a la sexualidad, la reproducción y sus posibilidades de poder.
La autonomía, la independencia, el nivel cultural y la participación en la vida pública serían factores de protección para la salud de las mujeres; mientras que para los hombres lo serían liberarse de la carga de mantener el poder y la potencia, y acceder a la sensibilidad y a la afectividad, antes vedadas.
Al mismo tiempo, este modelo presupone una vulnerabilidad diferenciada para las mujeres, que se atribuye a la acumulación de roles antiguos y nuevos, acumulación que da como resultado la doble jornada laboral con carga monoparental en soledad o también conocida como jornada interminable. La sobrecarga resultante es mucho más grave cuando los recursos económicos son escasos, hasta el punto de que se reconoce como el primer proceso psicosocial determinante de salud en las mujeres. En cambio, para los hombres se mantienen los conflictos de pareja como primer proceso psicosocial asociado a la enfermedad.
Como se desprende de todo lo anterior, hay mucho por hacer en los campos de la investigación y la intervención, y ésta es sólo una muestra de lo que es posible y necesario abordar, incluyendo la discusión conceptual sobre el sexo y el género, los vínculos de éstos con la salud mental y los diversos factores que influyen en ella.
Bibliografía
Salud Mental (2014), ¿Por qué hablar de género y salud mental?, Luciana Ramos-Lira.
Norte de salud mental, vol. XI (2013), Estereotipos y prejuicios de género: factores determinantes en Salud Mental, Isabel Pla Julián (1), Antoni Adam Donat (2), Isabel Bernabeu Díaz (3).
Gac Sanit (2000), La importancia de la perspectiva de género en las encuestas de salud, I. Rohlfs, C. Borrell, C. Anitua y cols.
Gaceta Universitaria vol. 18 (2004), Género y salud mental en un mundo cambiante, Isabel Montero/Dolores Aparicio/Manuel Gómez-Beneyto/Berta Moreno-Küstner/Blanca Reneses/Judit Usall/José L. Vázquez-Barquero.

Psic. Ilse Alfonso Cedula profesional 9235373
Licenciada en Psicología por la Universidad Veracruzana, cuenta con diferentes diplomados como:
Diplomado en Psicoterapia Infantil
Diplomado en Terapia de Juego
Su experiencia clínica; Trabajo con padres de familia, evaluación y diagnostico infontojuvenil, atención a infantes con problemáticas de tipo cognitivo, emocional, conductual y motrizn y trabajo con grupos de TEA y TDAH




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